Sinopsis de El llanto en el hipódromo
«Todo se desmorona en el territorio de las consumaciones», escribe José Antonio Rodríguez Alva a modo de inversa epifanía en este libro, y tras esa conjetura de lo cumplido, del habla poética que abandona el territorio de lo previsible para adentrase en las ensoñaciones del porvenir, sucede el milagro laico que redime al tiempo en sus versos epilogales: Todo está bien, todo es «Amor sin sufrir compañía». Solo la crueldad rejuvenece la piedad del mundo, las palabras que Rimbaud abandonó en la floristería del hipódromo, allí donde cada caballo es un momento y el azar que rige el instante de las ensoñaciones se convierte en astro. Una estela tras la derrota de la que se hace cargo el mar, las tribus que no dejan pruebas sobre el agua ni en los libros de ceniza del olvido. Todo aquí es alegoría del pájaro inmortal del canto, sombras del viento que sigue a los cuerpos jamás vencidos por las páginas, tan adversativas con la muerte como anuentes en lo celebratorio del amor, de esta visionaria escritura en que la nostalgia por los argumentos de la belleza funda un nuevo territorio para las futuras donaciones de la luz.
Juan Carlos Mestre

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